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CONTROLAR LA EMOCIÓN… PARA CONTROLAR EL AUTOMÓVIL Reviewed by Momizat on . La inteligencia emocional y la conducción En los últimos años, se ha dado auge al concepto de inteligencia emocional, mismo que algunos autores ubican en primer La inteligencia emocional y la conducción En los últimos años, se ha dado auge al concepto de inteligencia emocional, mismo que algunos autores ubican en primer Rating: 0

CONTROLAR LA EMOCIÓN… PARA CONTROLAR EL AUTOMÓVIL

La inteligencia emocional y la conducción

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En los últimos años, se ha dado auge al concepto de inteligencia emocional, mismo que algunos autores ubican en primer lugar de importancia antes que el coeficiente intelectual. Y no cabe duda que las emociones están presentes en todo momento, pero la situación que prevalece es que no sabemos reconocerlas y mucho menos dominarlas ante ciertas situaciones, por lo que antes de entrar en el ámbito de la seguridad vial, veamos cómo se define el concepto de inteligencia emocional, para explicar después cómo es que una deficiencia en este aspecto puede afectar la conducción de vehículos.
La inteligencia emocional se define básicamente como la habilidad de poder controlar las emociones y sentimientos personales y de quienes nos rodean, para que usando la información que da la emoción en determinado momento, se puedan guiar positivamente el pensamiento y las acciones de uno mismo. En otras palabras, es importante estar atento a nuestras emociones y al momento en el que se presentan, para poder actuar correctamente y no hacer cosas de las que más tarde nos podamos arrepentir.
Veamos primero un ejemplo típico, una situación en la que no hay un control de emociones. Se trata de un papá que está en casa con su pequeño hijo y ambos ven el televisor; al niño no le llama la atención el fútbol soccer, el quisiera ver otra cosa y le dice a su papá que quiere ver las caricaturas, el papá emite un rotundo no, el niño insiste y el papá le dice que pronto terminará el juego y podrá ver el programa que quiera. Lo que el niño ignora es que el primer tiempo del partido apenas comenzó, acto seguido se inquieta y se baja del sillón, el papá le ordena que se siente y que lo deje ver el televisor, pero el niño sigue con su inquietud, situación que lo lleva a tomar una de las estatuillas de porcelana que adornan el mueble donde se encuentra el televisor; el papá de reojo lo ve y siente la necesidad de decirle que deje ese objeto en su lugar, pero tiene la presión de que el equipo contrario se acerca peligrosamente a la portería de su equipo. De pronto, el equipo contrario anota y el niño suelta la estatuilla, el papá furioso por ambas situaciones jala al niño de uno de sus brazos y, golpeándolo en la espalda, lo sienta en un solo movimiento de vuelta al sillón; el niño llora y su papá mientras recupera la respiración, controla el pulso y relaja el ceño, se da cuenta que no hubo una razón de peso para tratar al niño así, y sobre todo no hay motivos suficientes para generar problemas psicológicos a su hijo, pero se fue dando cuenta cuando paulatinamente recuperó la tranquilidad.
Situaciones como la anterior se generan a miles en nuestro diario acontecer, en el trabajo, en la casa, con la esposa, con la novia, con los compañeros de trabajo, con la recepcionista, con el tendero, con el que despacha la gasolina, el casero, los vecinos, los amigos, los parientes… y qué decir con los demás conductores.
Traslademos esta situación a las vías públicas, sí, a la llamada selva de asfalto. Qué es lo que sucede, piense amigo lector, todas aquellas veces
que al ir manejando nuestro auto, los conductores que van al lado realizan acciones que indudablemente nos ponen tensos; en una fracción de segundo alguien nos estresa a un nivel máximo debido a una mala maniobra de rebase, viene muy pegado a nosotros por detrás, cambia ontinuamente de carril, uno de sus tripulantes nos mira de forma que no nos gusta; o situaciones tales como que nos rebase, independientemente que sea un vehículo viejo o un último modelo, nos molesta y nos enoja rotundamente que nos rebasen y peor aún si se añade una actitud desafiante, que nos echen las luces altas de frente o por atrás, etc.
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Antes de dejarnos afectar por estas situaciones, debemos considerar que tenemos una inteligencia emocional baja, por no decir nula, por lo que existe el riesgo de realizar en la vía pública acciones muy similares y has ta excesivas, como las realizadas por el señor que veía el fútbol con su hijo.
     Veamos con mayor profundidad lo que puede suceder en la vía: un conductor que se siente agredido por otro no se concentra en el manejo, sino en cómo vengarse del otro, por lo que opta por perseguirlo en una peligrosa carrera que pone en riesgo a los demás. ¿Qué pasa entonces con estos conductores iracundos que no dejan de insultarse mien – tras la ira sigue su curso? Empiezan a experimentar cambios en su cuerpo: el pulso cardiaco se eleva, la temperatura corporal cambia, y aquí, al ir sujetando el volante con ambas manos, éste pasa a ser el cuello del otro conductor, y la ira sigue incrementándose hasta llegar a un nivel conocido como catarsis .
 ¿Qué es la catarsis y por qué es tan peligroso llegar a este grado? Se trata de un estado de carga emocional (“sí, estoy iracundo, esta emoción me ciega y ya no puedo contenerme”) en el que ya no hay manera de lograr el control per sonal.   En ese instante estamos cegados por la emoción, como tantos casos en los que los conductores terminan en una colosal pelea digna de gladiadores; reyerta que empieza en las vías públicas dentro de un vehículo y termina la mayoría de las veces en los ministerios públicos, rindiendo cuentas por lesio – nes clasificadas o en el peor de los casos por homicidio calificado, actos repudiables que no ocurrirían de contar con una buena inteligencia emocional.
   Ahora bien, ¿por qué menciono solamente la ira? Pues por que es una emoción típica de conductores de vehículos. Puedo decir sin temor a equivocarme, que de no contar con cierto grado de control de emociones, al subirnos al vehículo compartimos nuestro asiento con la ira; cualquier cosa y cualquier persona pueden activarla. Y lo importante aquí se lo comparto, todo es cuestión de que usted lo aplique. La clave es no llegar al estado de catarsis, no lo permita de ninguna forma.
 ¿Cómo lograrlo? Pues debe saber identificar el momento preciso en que sienta que la ira se está apoderando de usted. Esta es la parte más difícil de ejecutar, dado que resulta más fácil dirigir esa ira contra otro conductor, que tratar de apaciguarse ante una situación en la que puede estar en riesgo nuestra integridad o la de nuestros acompañantes.   El truco radica en estar consciente de ello, no se deje enganchar por las pequeñas provocaciones; al contrario, mejor cambie su forma de pensar hacia ese conductor, ponga más bondad en la situación. En serio, cuesta más trabajo, pero se obtienen mejores resultados. Piense que el conductor que realiza algo que suele disgustarle, tal vez está pasando por una situación difícil o tiene algún pariente en el hospital…y en lugar de insultarlo, déjelo ir, haga todo lo posible por cederle el paso y de esta forma no llegará al punto de catarsis. Este ejercicio es infalible para bajar los niveles de adrenalina que se generan cuando la ira se hace presente.
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  El vivir en una ciudad en la que cada día se observan más vehículos y menos espacios para transitar, hace que la gente se desespere con mayor frecuencia y de forma constante, pero este es el precio de vivir en un lugar con estas características. Entonces, lo que compete es adaptarse a este ambiente para poder sobrevivir, llevar una mejor convivencia al manejar un vehículo.   Por esta razón, le recomiendo trate de salir más temprano para evitar congestionamientos muy pesados y evite fijarse horas rígidas de llegada, escuche música que le guste y que lo ponga de buen humor; cree una atmósfera adecuada dentro de su vehículo, a una buena temperatura y con un olor agradable; evite usar ropa demasiado ajustada o manejar después de comer abundantemente; reduzca o elimine los estimu – lantes como el tabaco y el café, etc.
  El desarrollo de la inteligencia emocional no es una receta mágica, hay que intentar una y otra vez tratar de controlarse sin llegar a la catarsis. Esto no se desarrolla de un día para otro, conlleva mucha introspección, conocimiento de uno mismo, paciencia, voluntad para querer ser amable ante situaciones difíciles y estar siempre alerta para poder actuar de una forma emocionalmente inteligente.
  Desarrolle su inteligencia emocional y sea un mejor conductor, los suyos se lo merecen. Y los demás conductores que circulan cerca de usted, también.
Para mayor información seguridadvial@cesvimexico.com.mx

 

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